Ambientes virtuales

 La escuela y la interculturalidad

 La diversidad cultural se refleja en las aulas. Es una de las variables que tiene influencia crucial en el clima en el centro. Esta investigación tiene como objetivos analizar la complejidad de la Educación Intercultural, ofrecer fundamentos teóricos para abordar la problemática de la incorporación de alumnos extranjeros al sistema educativo, y plantear modelos alternativos de integración para optimizar la gestión de la interculturalidad. La metodología empleada se basa en el diseño descriptivo. Utilizamos técnicas cuantitativas y cualitativas. Empleamos, como instrumento de investigación, un cuestionario, elaborado por el Grupo Interdisciplinario de Teoría de la Educación, de la Universidad de Alicante. Los resultados de la aplicación del cuestionario, a 3.820 profesores, muestran la existencia de conductas, en el aula, vinculadas con el racismo y la xenofobia. En este trabajo, planteamos la defensa del modelo holístico de Educación Intercultural y observamos los principios y cuestiones clave que hay que considerar para una intervención eficaz.

Las corrientes antes descriptas inciden en la integración de personas diversas entre sí en el medio escolar.

En el modelo asimilacionista, pareciera que las culturas de origen de los y las estudiantes de grupos étnicos diferentes al predominante en la sociedad receptora, entorpeciesen el proceso de enseñanza y fuese necesario liberarlos/las de ellas para no sufrir retrasos en la carrera académica, confundiéndose igualdad educativa con homogeneización cultural. En otras palabras, es como si el mensaje que las familias inmigrantes tienen de procesar y aceptar, principalmente aquellas cuya cultura difiere mucho de la occidental, fuera: “voy a dar a tu hijo/a un futuro profesional pero en cambio él/ella va a ser un extranjero para ti; le quito tu lengua, le quito tus costumbres, no lo/la vas a reconocer, va a ser un extraño para ti”(11). Así, por un lado, la escuela surge como un lugar de construcción de posibilidades para aumentar la probabilidad del éxito profesional de los hijos e hijas, pero en cambio él o la jóven tiene que renegar de la cultura de origen y asimilar la cultura de la sociedad de acogida para ser aceptado/a en ella.

Dentro del multiculturalismo, Gibson(12), propone el modelo de competencias multiculturales, definido como el proceso por el que una persona desarrolla un cierto número de competencias en múltiples sistemas de normas de percibir, evaluar, creer y hacer. Así, según este modelo, los individuos se aprenden a movilizar, según las situaciones, competencias culturales diversas, relacionadas tanto con la cultural predominante como con todas las otras existentes en la escuela, siendo capaces de movilizar competencias lingüísticas, actitudes culturales y conocimientos de las varias culturas. Sin embargo, es cuestionable si todavía es adecuado emplear este modelo de multiculturalismo, nacido en el siglo XIX, en un mundo donde las personas buscan valores y códigos que les permitan garantizar el establecimiento de buenas relaciones con los demás y con la sociedad, donde más que el reconocimiento de cada cultura se pretende promover la interacción social entre personas y grupos culturalmente distintos, pero en un registro que permita la comunicación desde la cultura de cada individuo.


El modelo de educación intercultural pretende preparar a los y las estudiantes para vivir en una sociedad donde la diversidad cultural se reconoce como legítima, que considera la lengua materna como una adquisición y un punto importante para todo el aprendizaje escolar. En este modelo, el pluralismo cultural está presente en los programas escolares y en el proyecto educativo con el objetivo de desarrollar en los y las estudiantes el gusto y la capacidad de trabajar en la construcción de una sociedad donde las diferencias culturales se consideren una riqueza común y no un factor de división.

Los objetivos de la educación intercultural son(13): 

Reconocer y aceptar el pluralismo cultural como una realidad social,

Contribuir a la instauración de una sociedad de igualdad de derechos y de equidad,

Contribuir al establecimiento de relaciones intertónicas armoniosas.

Los principios pedagógicos de la educación intercultural son los siguientes(14): 

Formación y fortalecimiento en la escuela y en la sociedad de los valores humanos de la igualdad, respecto, tolerancia, pluralismo, cooperación y responsabilidad social.

Reconocimiento del derecho personal de cada estudiante a recibir la mejor educación diferenciada, con cuidado especial de la formación de su identidad personal.

Reconocimiento positivo de las diversas culturas y lenguas y de su necesaria presencia y cultivo en la escuela.

Atención a la diversidad y respeto a las diferencias, sin etiquetar ni definir a nadie en virtud de éstas.

No segregación en grupos aparte.

Lucha activa contra toda manifestación de racismo o discriminación.

Intento de superación de los prejuicios y estereotipos.

Mejora del éxito escolar y promoción de los estudiantes de los grupos étnicos diferentes al predominante.

Comunicación activa e interrelación entre todos los estudiantes.

Gestión democrática y participación activa de las madres y padres en la escuela e incremento de las relaciones positivas entre los diversos grupos étnicos.

Inserción activa de la escuela en la comunidad local.

Son muchos los principios enunciados, pero recordemos que en el enfoque intercultural se pasa necesariamente por tres fases, la descentralización, penetración en el sistema del otro/a y negociación. Para poder atravesar estas fases hay que asumir una postura de comunicación intercultural, que nos permita conocer la forma como las personas de diversos orígenes se comunican entre sí.

Uno de los retos de la comunicación intercultural es obligarnos a cambiar, nos obliga a trabajar con puntos de vista alternativos a los que solidificamos a lo largo del tiempo. Esta alternativa interpretativa supone aumentar nuestro nivel de complejidad cognitiva y esto no es algo innato, sino un proceso de pensamiento, que genera una acción y de nuevo pensamiento, que implica una forma de ser y de estar en el mundo y en las relaciones.

Además, la comunicación intercultural es fundamental para construir una convivencia positiva y para aportar a la resolución de conflictos que surge tan a menudo en el ámbito educativo (y en todos los otros). En aquellos casos donde es difícil restablecerse la comunicación entre las partes, la comunicación intercultural puede ser un recurso que ayuda a eliminar obstáculos, agregar conocimientos e informaciones y modificar mediante el cambio en las actitudes y en la comunicación. La comunicación intercultural pasa sobre todo por una actitud comunicacional que pasa del “o tú o yo” al “tú y yo”.

A continuación, hablaremos de algunas circunstancias específicas de algunos de los actores sociales en la escuela intercultural.

La presencia de alumnas y alumnos procedentes de otros países y culturas en las aulas incorpora una tonalidad más en este mosaico de diversidades que componen los centros educativos.Todas las diferencias son una fuente de enriquecimiento personal y grupal en la escuela pero también conllevan una serie de retos para los que es preciso buscar nuevas fórmulas de enseñanza-aprendizaje.

Cada vez son más los centros educativos que apuestan por una educación intercultural, asumiendo los cambios que se están dando en nuestra sociedad y articulando recursos humanos, técnicos y organizativos para incorporar la diversidad cultural en su proyecto educativo de la forma más enriquecedora e integradora posible.

Inauguramos este espacio con el ánimo de ir tomando el pulso a esas iniciativas interculturales que están poniendo en marcha los centros públicos españoles para mejorar la convivencia, evitar la segregación y el aislamento, incluir y normalizar todas las diferencias y enriquecerse de ellas.

Nos hemos acercado a los centros educativos para que sean los propios protagonistas de estas experiencias exitosas quienes nos cuenten cómo las han puesto en marcha, con qué recursos y dificultades, y con qué resultados. Tras un primer rastreo por varios puntos de la geografía española, el diagnóstico es esperanzador y aleccionador.

En este rincón virtual iremos poniendo en común algunas de estas iniciativas diversas y creativas que nacen de la necesidad y del entusiasmo, del trabajo del profesorado, y de la implicación del resto de agentes de la comunidad educativa (alumnado, familias, asociones, mediadores/interculturales, etc).

Te presentamos este banco de experiencias compartidas cuyos protagonistas hablan en primera persona y nos facilitan materiales, documentos y enlaces para que otros centros educativos puedan hacer uso.

La diversidad, entendida como realidad y superficie de inscripción de las culturas, debe orientar nuestra acción educativa. Y es que esta realidad implica que cada persona, grupo y/o comunidad tienen una identidad constituida por múltiples contactos culturales; es decir, posee una especificidad a partir de otros.


La interculturalidad es una postura filosófica y una actitud cotidiana ante la vida, ya que se reconoce al otro como diverso, sin borrarlo sino comprendiéndolo y respetándolo, lo que implica un proceso de conocimiento, reconocimiento, valoración y aprecio de la diversidad cultural, social, lingüística y del desarrollo, de cada las niñas y los niños en un aula, escuela y comunidad.

Hablar de la interculturalidad en la educación, no se refiere a un nuevo programa, sino a una nueva perspectiva que responde a dos elementos fundamentales:

Cómo la diversidad cultural de cada uno de los alumnos y de la sociedad para la que educamos condiciona el trabajo escolar.

Cómo esta diversidad presente en el aula, la escuela y la comunidad puede convertirse en un factor potencialmente educativo al proporcionarnos un mayor abanico de referentes culturales.

Lo que implica darnos cuenta que la realidad escolar es multicultural desde muchos puntos de vista: de género, cultural, lingüística, religiosa, ideológica, moral, de aprendizaje, de desarrollo, entre otras, para poder avanzar a una educación donde niñas y niños de diferentes culturas se relacionan en planos de igualdad a partir de sus propias identidades.

De acuerdo con el enfoque intercultural, el currículum es una construcción cultural e histórica que permite la síntesis y organización de elementos culturales: conocimientos, valores, costumbres, creencias y hábitos, por lo que la cultura de la escuela debe ser coherente con la cultura, los valores y las necesidades de los integrantes de la comunidad educativa, por lo que el proceso de aprendizaje y de enseñanza debe considerar:

Lo global como los contenidos provienen de diversas culturas del mundo y que constituyen el patrimonio de la humanidad.

Lo nacional como las competencias básicas esenciales para todos, desde lo cognitivo y valorar a alcanzar en la educación básica y media superior.

Lo interétnico como los contenidos que integren los conocimientos, valores y aportes de los diversos grupos culturales.

Lo intraétnico y/o Contextual como los contenidos culturales locales que incorporen a la escuela los conocimientos, valores y formas de vida de los pueblos.

Lo personal como el espacio de desarrollo integral de los estudiantes, desde lo cognitivo, afectivo, social, cultural y étnico

Una escuela intercultural es aquella que brinda una educación de calidad con equidad, significa que estamos hablando de una escuela donde se cuenta con un proceso de inclusión educativa, ya que se generan los recursos, la organización, la metodología, los maestros, la planeación educativa, la evaluación, la organización, la autonomía de la gestión, el trayecto formativo y la ruta de mejora se centran en reconocer los diferentes estilos y ritmos de aprendizaje, además de que todos los alumnos aprenden; y que para alcanzar los aprendizajes esperados se deben identificar para eliminar o minimizar las barreras de aprendizaje y participación a las que se enfrentan las niñas y los niños en un salón de clases.

A continuación se presentan cinco criterios calve para considerar la calidad educativa de una escuela intercutural:

Relevancia/pertinencia. Los objetivos educativos responden a las necesidades de las niñas y los niños, de sus familias y de la comunidad, que los aprendizajes sirvan para la vida.

Lograr objetivos relevantes y contextualizados a la cultura de cada niña y niño.

Reconocer y atender la diversidad de los alumnos en la escuela y propiciar las condiciones adecuadas para que cada uno alcance los objetivos educativos.

Seleccionar las mejores estrategias y los medios adecuados para alcanzar los objetivos. Uso óptimo de los recursos del aula, la escuela y la comunidad.

Que los alumnos, los padres, la comunidad y la sociedad estén satisfechos con el servicio educativo.

Los criterios anteriores promueven la autonomía de gestión, para que las escuelas construyan su ruta de mejora, es decir que las escuelas aprendan de su experiencia y atención a la diversidad cultural presente en cada estudiante, docente y grupo.

Lo fundamental de ir conformándonos como escuelas con autonomía de gestión,  es ir conociendo y reconociendo que las niñas y los niños que asisten tienen una visión del mundo, formas de pensar, tienen capacidades, talentos, ritmos de aprendizaje y que provienen de una comunidad diversa socialmente hablando, lo cual enriquece la vida escolar pero al mismo tiempo, reclama respuestas prácticas, actuales, de calidad, con igualdad y que además sean con equidad. Es decir las escuelas debemos de contar con los elementos, estrategias y herramientas para ofrecer una educación con calidad y equidad para las niñas y los niños con base en el respeto de sus propias particularidades.

CAMBIO CLIMATICO

El impacto del cambio climático en la sociedad

Determinadas las causas del problema y las consecuencias sociales del mismo, debería dirigir el  diseño de las soluciones.

 El cambio en el modelo energético hegemónico basado en combustibles

fósiles contaminantes, está en el centro de las soluciones, dirigidas a la

construcción de otro modelo en donde las energías renovables (solar, eólica,

biomasa), limpias y sostenibles en el tiempo, tengan un papel protagonista.

 Es ese un cambio ya asumido por las instituciones económicas y políticas

internacionales (la UE, por ejemplo, acaba de proponer alcanzar un 20% de energía

primaria renovable para el 2020 en el ámbito europeo). Junto al desarrollo de esas

nuevas fuentes energéticas, la eficiencia y ahorro energético es una de las políticas

más importantes a desarrollar a corto plazo, en cuanto al modelo energético se

refiere. El Libro Verde sobre la Energía de la Unión Europea (2006) documenta que

se podría ahorrar, al menos, un 20% del consumo de energía actual. Para el caso

de España, queda mucho por hacer; las energías renovables no llegan al 7% de la

producción de energía primaria (recordemos que es uno de los países europeos con 

13

más horas de sol), la eficiencia energética ha sido menor a la media comunitaria

(en el periodo 1990-2002, mientras Dinamarca, Irlanda o Austria han aumentado

su eficiencia en un 14%, España sólo lo ha hecho en un 2%), y el consumo

energético se ha disparado (90,5% más desde 1980). Sorprende por tanto la

situación que a menudo se produce en España respecto al problema, que se podría

calificar entre el desinterés y el catastrofismo, oscilando pendularmente de uno a

otro.

 Comenzando por el desinterés, basta con constatar los resultados de las

políticas de lucha contra el cambio climático: sobre el objetivo asumido para España

de no sobrepasar el 15% de emisiones de CO2 respecto a 1990 - bajo el Protocolo

de Kioto - estamos en alrededor del 50%. Ciertamente España no es el único país

incumplidor. Canadá, por ejemplo, ha sobrepasado en 35% los objetivos de Kioto y

Estados Unidos todavía no lo ha firmado.

 Puede alegarse que hay múltiples explicaciones para esos resultados, sin

embargo también se puede sintetizar en un mal entendido concepto de desarrollo,

con industrias contaminantes, sobreexplotación de recursos básicos, urbanización

del territorio sin planificada alguna, utilización masiva del coche privado, mal uso

de calefacciones y aires acondicionados con resultados paradójicos como ambientes

donde se pasa calor en invierno y frío en verano, políticas tímidas o inexistentes

(disuasión del tráfico privado, por ejemplo). En definitiva, un retrato cultural

mayoritario de nuestra sociedad. Una evaluación detallada de qué habría que hacer

al respecto de todas y cada una de esas realidades, para cambiar esa tendencia,

parecería precisa.

 Junto a ese desinterés manifiesto, se produce al mismo tiempo un

sentimiento catastrofista: poco se puede hacer; aunque consiguiéramos poner a

cero las emisiones, la temperatura continuaría aumentando, el protocolo de Kioto

no sirve…

 Parecería que se impone una reflexión profunda y serena, colectiva, que

aborde el tema con rigor y compromiso de acción, en línea con lo que plantea el 4º

Informe sobre el Clima IPCC. Viene a cuento la siguiente cita del pedagogo

brasileño Paulo Freire: La cuestión es cómo transformar las dificultades en

posibilidades. Por esto, en la lucha por cambiar, no podemos ser ni sólo pacientes,

ni sólo impacientes, sino pacientemente impacientes. La paciencia ilimitada que

jamás se inquieta, termina por inmovilizar la práctica transformadora. Lo mismo

ocurre con la impaciencia voluntarista, que exige el resultado inmediato de la

acción, incluso cuando está aún planteándola.

 Ese informe es una buena ocasión al respecto. Durante los tres años de su

confección, apenas un puñado de expertos en España hemos tenido constancia de

esa tarea de construcción colectiva de conocimiento para abordar un problema tan

serio como el cambio climático. Ni la comunidad científica en su conjunto, ni por

supuesto la comunidad política ni la sociedad española han recibido información al

respecto de parte de las autoridades españolas competentes, a diferencia de lo

ocurrido en Suiza, por ejemplo. Es hora ya de difundir y poner en conocimiento de

la sociedad los resultados de tan importante informe, así como otros específicos

sobre España, entre los que se encuentran el Plan Nacional de Adaptación al

Cambio Climático, y de crear canales participativos para el debate y construcción de

sus diagnósticos y soluciones.



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